Al final del bosque

 


Al final del bosque

La noche aparecía oscura y tormentosa en el pequeño pueblo de Roca Negra. Los árboles se balanceaban con fuerza y el sonido de la lluvia resultaba ensordecedor. La luz de las farolas era escasa y apenas iluminaba la calle vacía que, a pesar de ser de pocos metros, parecía que no tenía fin.

No era una noche como cualquier otra, eso lo sabía muy bien. Con las piernas temblando, se adentró en el bosque en busca de leña, necesitaba avivar el fuego de la chimenea para calentar aquellas cuatro paredes que lo cobijaban. 

Caminaba despacio, pues por mucho que quisiese apurar, aquellas extremidades no daban para más. Al recoger el primer leño comenzó a escuchar extraños ruidos a su alrededor. Ramas quebrándose, hojas crujientes, voces que parecían susurrar su nombre. Sin embargo, continúo avanzando, pensando que solo era su imaginación y su miedo.

De repente, algo lo agarró por un brazo y lo arrastró hacia un viejo árbol del cual prendían unas ramas que parecían brazos, en busca de alguna presa. Isidoro estaba petrificado, su cuerpo se había quedado inmóvil, la garganta la tenía tan seca que no podía emitir ningún sonido, si bien podía oler el aire, sintió arcadas de aquel olor a podrido que parecía venir de todas partes.

Una sombra oscura y aterradora emergió de la oscuridad y se plantó frente a su delgado cuerpo. Una figura alta, con brazos largos y delgados que se arrastraban por el suelo. Su rostro estaba cubierto por una máscara de piel esbozando una siniestra sonrisa. Miraba al hombre, el cual creyó que se iba a desmayar y que sería descuartizado, por aquellos largos dedos afilados como cuchillas.

Al fin pudo gritar mientras se escurría hacia el suelo, quedando sentado, comprobando que desde allí abajo aquel monstruo era mucho más aterrador. Cerró los ojos esperando el dolor y escuchando la risa infrahumana que salía de aquel ser. 

El único recuerdo que le vino a la mente era de su niñez, cuando su abuelo le dijo que, si alguna vez estaba en peligro, no dudase en pedir ayuda a los espíritus del bosque, le contaba que muy pocos los habían visto, pero siempre acudían a ayudar a todo aquel que los invocaba.

Isidoro despertó al alba, recostado bajo el viejo árbol, sin saber si todo había sido un sueño, o una realidad.


Al final del bosque

Comentarios

  1. Yo creo que fue realidad. De todos modos, que Isidoro vaya pensando en instalar un sistema de calefacción en casa que no sea a base de leña.:)

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  2. Te quedo genial hasta miedo me dio. te mando un beso.

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  3. Creo que realmente los espíritus del bosque fueron en su ayuda o quizá esa imagen aterradora era un espíritu del bosque cuidando la leña para que no se la llevaran, vaya uno a saber.
    Un buen y aterrador relato, saludos.
    PATRICIA F.

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