Milagro


Cuando pensaba que ya no viviría para ser abuelo, le dieron la mejor noticia que podía recibir, su hija estaba embarazada, por fin podría disfrutar de su nieto.
Esperó con ilusión los meses restantes hasta el nacimiento, daba la impresión que había rejuvenecido 10 años, se sentía feliz, contento, rezaba para que todo saliese bien. La noticia le había dado esperanzas, ya estaba muy mayor, daba gracias a Dios, por dejarle conocer a aquel niño que vendría al mundo, y que era tan deseado.
Una tarde, le pidió a su hija sacar el niño a pasear un rato por los alrededores, quería que sus amigos le conociesen, disfrutar de su compañía.  La hija no pudo negarse, sabía cuánto adoraba a aquel niño y le permitió pasear, haciéndole prometer que volvería en una hora, recordándole que tuviese cuidado con la pendiente.
Su rostro se iluminaba cada vez que miraba la carita sonrosada de su nieto, estaba comenzando a bajar la pendiente, cuando su vista se nubló, sabía lo que iba a pasar e intentó agarrar con fuerza el cochecito, se desplomó en la acera, sus manos se soltaron dejando que el carro rodase alcanzando más velocidad cuanto más bajaba por aquella pendiente, no había nadie por los alrededores, a lo lejos un camión a toda velocidad bajaba frente a aquel carro, donde él bebe, continuaba durmiendo.
El camión, vio a lo lejos el carro, al principio pensó que era una broma, luego se asustó, pisó el freno con todas sus fuerzas, las zapatas rechinaban contra el tambor, ya estaban muy gastadas y provocaba que saliese humo de aquellas ruedas, el camionero, no podía frenar, se sentía impotente, si cruzaba la carretera se iría contra otros coches y sus ocupantes, causando más víctimas.
El abuelo, seguía tirado en aquella acera, estaba viendo la luz, la presenciaba, lo atraía, sabía que, si no se iba en ese momento, ya no se iría nunca, también miraba a su nieto dentro de aquel cochecito que cada vez se aceleraba más por aquella pendiente, vio al camión intentando frenar, sin embargo, llevaba mucha velocidad, la pendiente era muy pronunciada.
El camionero, pisaba con todas sus fuerzas aquel pedal de freno, de pronto, observó asombrado, como el niño salía volando en el justo momento que arrastraba el carro bajo sus ruedas. Sin saber lo que estaba pasando, que fuerza invisible era aquella que transportaba a aquel bebe, hasta dejarlo, con mucho cuidado en la acera. Se bajó del camión, y miró bajo el mismo, donde estaba el carro totalmente aplastado, escucho llorar al niño, que con el ruido se había despertado. No se lo podía creer, se acercó, lo cogió en brazos, lo miraba incrédulo, con miedo, no podía contar lo que había visto, lo tomarían por loco, era un milagro, su cara estaba blanca como la cera, de sus ojos brotaron lágrimas de alegría por él bebe, y, de miedo e incertidumbre por lo que había presenciado.
El abuelo, no pudo cruzar, se quedó, pero no le importaba, le había salvado la vida a su nieto, con eso ya podría vivir eternamente donde fuese.



Comentarios

  1. ¡¡Holii!!
    Pero que historia tan bonita y triste a la vez. Pobre Abuelo, de verdad. Ha preferido quedarse eternamente atrapado, por salvarle la vida a su nieto. Eso si que es uno de los mayores sacrificios en la vida o muerte de una persona...
    ¡¡Bssos!!

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  2. No he podido evitar emocionarme al leer esta historia. Los abuelos siempre cuidan de nosotros y quizás el prota de este relato ya no lo pueda hacer desde la tierra, pero siempre estará junto a su nieto. Gracias por compartirlo, un besote

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  3. Que historia tan bonita :) un acto bastante cool del abuelo, a pesar de que podía salvar su propia vida prefirió salvar la de su nieto. Me enamore de la historia, repito muy bella. Gracias por compartir.

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  4. hola, buf, que mal, me ha dado un terror, la verdad es que enganchar engancha, pero a mi los dramas no me gustan nada, y aunque es bueno, el final no me gusta porque no acaba bien del todo y eso me da una pena tremenda, desde luego un relato muy interesante y muy bien redactado, estremecedor a su vez tambien. un abrazo.

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  5. ¡Hola!
    Ostras, se me ha puesto la piel de gallina y un nudo en el estómago en serio.
    Es que el amor tiene un poder inimaginable, y cuando nos topamos con situaciones límite, cuando amamos incondicionalmente, es imposible no anteponer a ese ser que amamos sobre todas las cosas.
    Un relato triste sí, pero me quedo con el mensaje, de que hay muchos abuelos que lo han dado todo pos sus nietos de un modo incondicional, y con ello, no puedo evitar pensar en los míos, que aunque no dieron su vida, sí hicieron que mi vida fuese cada día mejor que el día anterior.
    Besotes

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