El reloj de pared

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¡Cariño, ya estoy en casa!

 





¡Cariño, ya estoy en casa!

—¡Cariño! ¡Ya estoy en casa!, al final me han adelantado el viaje, he tenido suerte, tenía muchas ganas de volver. ¡Cariño!

Dejó la maleta en el hall de la entrada, colgó la chaqueta en el perchero pensando en la sorpresa que se llevaría su mujer cuando le viera un día antes de lo previsto. Mientras vaciaba los bolsillos se acordaba de la última conversación no hacía demasiadas horas, la notaba triste por su ausencia, también le pasaba lo mismo, llevaban tan poco tiempo casados que solo deseaban estar juntos.

—¡Cariño! ¿Pero, dónde estás?

Se dirigió a la cocina, la mesa estaba sin recoger, había dos servicios y una chaqueta de hombre colgada de una de las sillas, mirando la prenda se dio cuenta de que ya la viera antes, pero no ubicaba al propietario, se preguntaba con quien habría cenado.

—¡Cariño!, ¡hola!

Se acercó a la sala de estar, al pasar por delante de las escaleras que subían al piso superior escuchó música muy baja. Decidió ir al baño, llevaba horas aguantando las ganas y al ver la puerta abierta se dio cuenta de que ya no podía aguantar más, le llevó su tiempo debido a las horas de aguante su vejiga estaba a reventar. Mientras lavaba las manos se miró en el espejo, realmente tenía cara de cansado, tres días fuera de casa trabajando muchas horas, durmiendo poco y comiendo mal le pasaran factura. Se echó agua fría que le permitió despejarse un poco.

Puso rumbo al piso superior, con cada escalera que subía se iba escuchando más nítida la música, sonaba la canción favorita de su mujer, la escuchaba muy a menudo, en especial cuando estaba sola o cuando quería relajarse con un buen baño.

La música salía de la habitación de matrimonio, agarró el pomo de la puerta y abrió lo más silenciosamente posible, allí estaba tumbada en la cama, con un camisón que dejaba ver todo lo que intentaba cubrir, dio un salto en la cama asustada de ver a su marido en la puerta.

—¡Por Dios Cariño! ¡que susto me has dado! ¡no te esperaba hoy!

—Lo sé, he acabado antes de lo previsto y tenía ganas de llegar a casa, llegó y me encuentro esto.

—¡Bueno, y no te gusta lo que ves!

—Claro que me gusta, no salgas de la cama, no te quites ese camisón, quiero quitártelo yo.

—He cenado con tu padre y se le olvidó la chaqueta. Me he bañado y me he quedado dormida, he despertado soñando contigo y ahí estabas, ven aquí y demuéstrame cuanto me has echado de menos.


Comentarios

  1. Wow! já já es un cuento muy bien hecho porque presenta dos alternativas; o crees en su inocencia, o bien sospechas infidelidad: todo depende de la historia de vida y eso no tiene por qué resolverlo este cuento: queda en manos de quien lea. Obra maestra a mi gusto!
    Un abrazo!
    PD: Andaré más seguido por este blog, guau! :)

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  2. Buen final, porque acaba en polvo o porque hubo un polvo. Hay que follar.

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  3. La verdad es que durante todo el texto he estado esperando a que la pillara con otro. A veces prejuzgas las situaciones o a las personas, o parece que siempre estamos esperando a que pasen cosas malas. Esta historia ha acabado bien !!

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  4. Que guay este texto que nos presentas en el que puede haber dos alternativas de final a medida que vas leyendo la historia. Siempre nos sorprendes!

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  5. ¡Hola!
    Confieso que...¡me la has colado! Jajajajaja. Vamos, estaba súper convencida que se encontraría a su mujer jugando a médicos con otro hombre.
    Me he dado cuenta que tendimos siempre a prejuzgar las cosas antes de llegar al fin.
    A ver si, o al menos hablo por mí, no me adelanto a los acontecimientos jejeej.
    En serio, has sabido llevarme por donde has querido.
    Besotes

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  6. Me ha encanto el final de la historia pues no es para nada lo que esperaba. Seguramente porque estamos tan predispuestos siempre a pensar lo negativo. Excelente historia.

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  7. De nuevo un final inesperado, pues sonaba a pillada en toda regla. En realidad creo que hemos visto tantas historias de infidelidad que lo que menos esperábamos es que cenara con el suegro,bss!

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