Tres maravillosos años

El reloj de pared

 


El reloj de pared

Desde que tenía uso de razón recordaba ver aquel enorme reloj plantado en el salón, había sido un regalo de su abuelo para su abuela tras haber regresado del extranjero, desde donde mantuvo a su familia por más de cuarenta años.

Una tarde de noviembre le vieron caminar por el sendero que llevaba a la casa, estaba viejo, y arrastraba una gran maleta mientras pisaba todas aquellas hojas caídas de los árboles. Durante un buen rato le miraron a través de la ventana y solo su abuela le reconoció al momento, parecía mentira que después de tantos años todavía recordase su porte, su forma de caminar; aunque estaba más delgado; no podía olvidar al hombre con el que se había casado y con el que solo pudo convivir cinco años.

Una leve sonrisa se dibujó en su cara, su marido había vuelto, acallaría las habladurías de todo el vecindario, de todos aquellos que murmuraban cuando la veían pasar.

Delante de la puerta de entrada observaba las reformas hechas en la casa con aquel dinero que enviaba todos los meses, estaba contento, feliz de que se hubiera invertido en la propiedad de sus padres.

Se miraron durante un largo tiempo, ella estaba vieja y él también, muchos años perdidos sin contacto, sin hablarse, su única comunicación eran letras en papeles que ambos guardaban como un tesoro. Muchos años sin mirarse a los ojos, sin abrazos, sin convivencia.

Él fue el primero en abrazarla, luego conocería a sus hijos, pues los había dejado muy pequeños, también a sus nietos de los que solo sabía que existían por fotos que iba recibiendo de vez en cuando.

Ella le soltó cuando vio llegar un pequeño camión y dos hombres se dispusieron a bajar una caja, preguntando donde la dejaban.

Al desembalarla vieron que era un reloj de pared, que él quiso colocar en el salón, lo que nadie sabía era todo el misterio de aquel viejo reloj, algo que descubrirían a lo largo de los meses siguientes.

A su llegada al país que lo acogió conoció a un santero que relacionó aquel reloj. Con todo lo que podría sucederle a lo largo de los años, en nada se había equivocado, aquel viejo reloj encontrado en un descampado recuperó todo su esplendor cuando fue tocado por la mano del recién llegado. El santero no podía dar crédito a la magia de aquellas jóvenes manos y ambos se dedicaron durante años a ayudar a todo aquel que precisaba saber si sus muertos habían visto la luz. Con solo tocarlo era capaz de conectar todas las dimensiones existentes que él ni siquiera sabía que existían. Cualquiera podía hablar con sus seres queridos durante unos pocos minutos. Terratenientes, aristócratas, gente de todos los rincones estaban dispuestos a pagar cualquier precio por ser atendidos por aquellos dos hombres que se hicieron inseparables.

Un día el santero le comunicó a su amigo que su amistad era lo mejor que le había pasado. Aquella luz que proyectaban sus azules ojos lo había transportado a una paz infinita, en la que reposaba observado como el resto del universo se esforzaba por tener una buena vida.

Ahora descasaba en paz y así se lo hizo saber. Partió una noche tranquila a una de esas dimensiones del universo.

Ya era el momento de regresar, pronto le tocaría reunirse con su amigo y tenía que hacerlo en el lugar donde había nacido, junto a los suyos.

Mientras esperaba su turno, todas las noches se sentaba frente al reloj, dedicaba esos minutos de tiempo a conversar con el que durante años fuera como un hermano. 


El reloj de pared

Comentarios

  1. Lendo esse conto me recordei que, já tive um amor verdadeiro, mas não sobreviveu a muitos anos na distância.
    * Significa que quando o amor tem raízes profundas ele resiste ao tempo.

    Votos de feliz fim de semana.
    Abraço amigo.

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  2. Lindo relato la amistad y el amor verdadero pasan cualquier prueba, Te mando un beso

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  3. ¡Qué bonito! Otra vez me pareció caminar con él y hasta sentir el aroma de ese camino pisando las hojas caídas. Qué bien lo del santero y la comunicación con los que se fueron. Pero... Muero por saber cómo habrá sido el encuentro con la esposa. Gracias Mar un abrazo!

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  4. Creo que es mejor un reloj de pared que una Ouija para tan peligrosa comunicación. Yo ya no tengo reloj de pared, pero probaré con el del microondas si algún día me pasa como al de la entrada.

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  5. Qué bonito!
    Parece un cuento sacado de las hadas... me ha parecido tan dulce que lo he leído varias veces, ella nunca lo olvidó, así son los verdaderos amores, siempre lo esperó y le mostró el último viaje!

    Un placer llegar hasta tu espacio y hacerme soñar.
    Volveré

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    Respuestas
    1. Hola A. he intentado entrar en tus blog y da error, no si alguien mas te ha comentado algo. Un saludo

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  6. Realmente disfruté leyendo, ¡la escritura es fluida y cautivadora!

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  7. Los relojes antiguos siempre es el pie para una buena historia, ya que cierran tanto misterio como nostalgia.

    Un besito linda desde Plegarias en la Noche

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  8. Hola,
    Me ha parecido un hermoso relato, me encanta tu manera de escribir.
    Un abrazo

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  9. Me encanta este relato, centrado en el amor y la amistad, me encanta ese toque de cuento de Adas Ame leer este post

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  10. Habladurías de pueblo (o de barrio), esas cosas siempre sobran.
    Interesante historia.

    Saludos,
    J.

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  11. La espera tan bonita y fiel de los grandes amantes. Unas letras sentidas y bonitas que te hacen viajar por nuestras emociones.

    Un abrazo gigante!

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  12. Precioso ese reloj de pared que tan bien nos ha marcado el tiempo.

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  13. Toda una responsabilidad el don que tenía, tanto que dejó de lado a la familia...normal que no lo entendiera la gente...pero al menos los mantenía, tenía el corazón dividido entre los que quería y a quienes pordía ayudar,bss!

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  14. ¡Hola!
    Después de leerte, me quedo con el mensaje tan bonito que nos mandas a través de estas líneas, que como siempre, hilas tan y tan bien que haces que me me atrapen desde la primera palabra. El amor verdadero como la verdadera amistad existen, y dichosos son los que puedan vivirlo a pesar de todas las circunstancias que puedan rodearlos.
    Besotes

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