Como ser feliz en cinco pasos

El padre sin hijo

 


El padre sin hijo

La noche prometía la tormenta del siglo, a lo lejos se escuchaban truenos y se podía divisar el resplandor que dejaban los relámpagos. Comenzaba a llover y a levantarse viento. Según las noticias el huracán estaría encima en menos de media hora.

Solo le quedaban dos ventanas por tapiar, y ya luego podría correr hacía el refugio que había construido bajo la casa. En donde disponía de todo lo necesario hasta que la tormenta pasase de largo.

Recogió unas mantas y pan recién hecho de esa misma tarde, se puso el chubasquero y se dirigió hacia la única zona segura.

—¡Hola hijo!, ¿estás bien?, parece que este huracán va a ser de los importantes, ya cuesta caminar con el viento, pero bueno, aquí estaremos seguros.

Se fue hacía el hornillo dejando el pan sobre una pequeña mesa de madera trabajada con sus propias manos, abrió unas latas de garbanzos y las puso a calentar. En la radio por momentos se escuchaba a una mujer diciendo como iba el tiempo, sobre donde estaba el ojo del huracán y todos los destrozos que quedaban a su paso.

Ese año ya llevaban dos grandes tormentas, no había sido una buena elección trasladarse a esa zona, los azotes del tiempo destrozaban propiedades y familias, dejando solo desolación a su paso.

Una casa reformada poco a poco con sus manos, siempre ayudado por su hijo, que se había hecho ya un hombrecito y que adoraba aquella tierra.

Escuchó como hervían los garbanzos, apagó el hornillo y sirvió dos platos que depositó junto al pan.

—¡Vamos hijo!, comamos algo y luego dormiremos, si es que este ruido atronador nos deja hacerlo.

Siempre había querido hacer los garbanzos como los de aquellas latas, por el contrario, nunca le salían igual, mientras llevaba la cuchara a la boca, pensaba, en que le echarían para que tuviesen ese sabor tan bueno.

El día amaneció despejado, en calma, la bestia continuaba su camino hacia el norte. Esperaba que la casa no hubiese sufrido muchos daños, se sentía cansado de tantas reparaciones.

Recogió en bolsas los desperdicios, miró a su hijo con ternura y comenzó a subir las escaleras que le llevarían de nuevo a lo cotidiano.

En un camastro al fondo del refugio, tapado con dos mantas, un delgado cuerpo momificado descansaba, la cabeza apoyada sobre una almohada raída y amarillenta por una esquina y por la otra con restos de sangre reseca.

El huracán anterior los había cogido desprevenidos.


El padre sin hijo

Comentarios

  1. ¡Que triste! Y el padre sin hijo sólo podía sobrevivir manteniéndolo "vivo" de esa manera. Siempre un gran relato. Besos Mar! Lindo domingo.

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  2. Que tristeza, me encantó tu relato ❤

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  3. Desde el primer renglón, encuentro una narrativa envolvente… quiero leer más rápido para saber lo que ocurre más adelante.
    Exquisita lectura, destacando la descripción de la locación, la atmósfera que acompaña el momento, la tensión que se respira, los desplazamientos del protagonista, incluso sus pensamientos triviales respecto a la comida o los compungidos referente a la mala elección de viajar a una zona de huracanes.
    El final, no lo vi venir, pero sí que golpea (no lo esperaba).
    El dolor de haber perdido a su “retoño” en el vendaval pasado lo dejó desquiciado y en su desvarío bloquea la realidad de su muerte aferrándose a la quimera de “seguir juntos como si nada hubiera pasado”, interactuando con los restos momificados de su hijo como si aún estuviera con vida.
    Y así me lo hiciste creer y sentir (hasta los últimos renglones), como si ambos estuvieran vivos, sobreviviendo a los violentos estragos del viento y la naturaleza.
    Excelente obra, aplausos a tu trabajo… ¡Felicitaciones!
    Y gracias por compartir tu talento.

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  4. Um super artigo, gostei de ler.
    Desejando uma feliz semana.

    Um abraço.

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  5. Realmente muy buen relato, triste, no me imaginaba el final, felicitaciones, un abrazo y buen comienzo de semana. Patricia F.

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  6. Triste y perturbadora historia. Hay dolores que nos pueden volver locos . Te mando un beso

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  7. Pero ahora ya estaba preparado, no volvería a pasarle nada como eso.

    Saludos,
    J.

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  8. Asistencia profesional para ese pobre hombre. Puede que aún estemos a tiempo de salvar su mente.

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  9. unfortunately....
    sad story, but love to read it....

    Have a wonderful day

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  10. Entiendo el ambiente del relato, me tocó vivir muchas experiencias fuertes con los huracanes cuando viví en la costa de mi país: México. Tu relato acaba siendo una historia muy triste, pero a la vez llena de amor. Un amor que no muere y que trasciende todo. Me gustó. Saludos.

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  11. ¡Hola!
    Como siempre me has sorprendido con el final, aunque debo confesar que en esta ocasión me ha parecido tan triste.
    Como el padre se agarra a su hijo, a lo que un día tubo, a sus recuerdos a lo que quería que estuviese viviendo.. No se, se me ha roto el alma.
    Un placer leerte, ya lo sabes.
    Besotes

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  12. Uma boa história que gosto de ler, mas triste!
    Tenha uma boa continuação de semana.
    Um abraço.

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  13. Tremendo, va desgarrando sin darte cuenta dentro de la historia dejándote llevar y luego, la desolación del huracán, que se va llevando la vida, que se la fue llevando así por ráfagas
    No sé, es impresionante.

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  14. Thank you for nice information
    Please visit our website.. . .

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  15. La historia es triste, sí, pero el relato, estupendo.

    Un beso.

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