Vencer a la muerte




Ayer noche mi cuerpo se estremeció, mis sentidos se paralizaron, desperté pensando que el día era triste, que él, no estaba a mi lado, que no tenía sentido despertar, que no tenía sentido la vida.
Por mis mejillas resbalaron dos lágrimas, tras ellas, otras siguieron resbalando cada vez más y más hasta llegar a mi pecho.
No quería llorar, no quería estar triste, solo quería dormir, solo quería soñar. 
En mi cabeza la imagen de la soledad se teñía de negro, buscaba ese punto blanco donde refugiarme, buscaba esa luz donde no había pena ni tristeza, cuanto más mi mente se teñía de negro, mis pensamientos más furia almacenaban contra la vida y contra el destino.
Destino que me había arrebatado una parte de mi ser, una parte de mi corazón, una parte de mi vida. Parecía no tener fin, la negrura me cubría. 
A lo lejos escuchaba una voz que me llamaba, sentía unas manos que me acariciaban, respiraba un aroma que me arrastraba.
Mis ojos se entreabrieron y vieron luz, vieron vida, vieron amor, vieron alegría, él, estaba ahí, no se había ido, estaba a mi lado intentando que me despertase de aquella oscuridad que intentaba arrebatarme la vida.

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