La Sombra

Era noche cerrada, la luna brillaba en lo alto y dejaba escapar unos rayos de luz, hacían que el camino pareciese menos sombrío. Había salido a pasear, le gustaba la noche, caminar sin nadie por la calle, por el parque, por el jardín. Inmerso en sus pensamientos, todas las noches a la misma hora salía a dar su paseo, lloviese, tronase o fuese una noche de luna, que eran las noches que más le gustaban.

Había caminado durante media hora, le quedaba otra media para cumplir con su rutina, y, de repente, su sombra, comenzó a moverse de izquierda a derecha, de norte a sur, se quedó petrificado, miró a los lados y no había nadie, sin embargo, su sombra seguía moviéndose como si tuviese vida propia.  Su cara se volvió blanca como la nieve, su corazón parecía que se había parado, la sangre no le corría por las venas, estaba muerto de miedo. Dio un paso al frente y su sombra comenzó a correr, se paraba y regresaba junto a él. No lo podía creer, pensaba que le tenía que estar dando un derrame cerebral, eso no era posible.

Corrió cuanto pudo hasta casa, miraba de reojo a su sombra, viendo como ésta le hacía burla, entró en casa y encendió todas las luces, sabía que con luz no habría sombras. Se sentó en el sofá e intentó tranquilizarse, tanto que se quedó dormido.

Llegó el día, y como hacía siempre, se quedó en casa, sin hablar con nadie, no le gustaba la gente, no quería tener amigos, solo quería estar solo. Durante todo el día le dio vueltas a lo que había pasado, esa noche no saldría, ¿y si le volvía a suceder?

Esa noche y las tres siguientes, no salió de casa, mantuvo todas las luces encendidas, el temor lo dominaba.

La tercera noche, estaba mirando la televisión sentado en su sofá, y la sombra se sentó a su lado. De un salto se puso en pie y la sombra seguía sentada.

—¿Qué es lo que quieres? —Dijo con voz casi inaudible, aterrorizado por el miedo.

Quiero ser la sombra de un tío alegre, eres el tío más aburrido que le podía haber tocado a una sombra, siempre haces lo mismo, me he cansado de seguirte, como no cambies, voy a hacer lo que me dé la gana.

No puede ser, una sombra no puede estar hablándome.

Pues claro que estoy hablando, espabila, sal, diviértete, la vida es corta, hay que vivirla al máximo, exprímela que no tendrás más oportunidades.  Como no salgas, y te diviertas, te vas a quedar sin sombra, prefiero andar sola, antes que con un aburrido como tú.

No podía creer lo que estaba escuchando, al día siguiente, salió de día a la calle, caminó entre la gente, compró en el supermercado, tomó un café en una terraza, y se sintió bien, descubrió que había más mundo fuera de su casa, se propuso descubrirlo acompañado de su sombra.


Comentarios

  1. Me encantó esta historia tiene una alegoría bien bonita de verdad que me gustó mucho.

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  2. Muchas gracias Jessica. Me alegro que te haya gustado.

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  3. Hola! Me encanta lo que escribes y cada detalle, me imagino que estoy en esa situación tan sublime y muy detallada que cuentas. Además de bonita tu escritura también la reflexión que deja, creo que el que puede leerlo tendrá su reflexión propia, eso es la parte más bonita de todas. ¡Excelente post!

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  4. Muchas gracias Nadia Argote, a mi me encanta que haya gustado.

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  5. Es una historia de cierta forma divertida y con una buena moraleja supongo. estoy de acuerdo hay que salir, vivir y disfrutar sino no estás viviendo.

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  6. que bueno, me ha gustado mucho este relato y la frase de "una sombra no puede estar hablando" pues es cierto, jajaja, en realidad no puede, me ha encantado, sigue haciendolo.

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  7. Hola guapa
    Me ha encantado el texto pero sobre todo lo que transmite. Es un mensaje muy bonito, la vida está para disfrutar! No hay que quedarse estancadx.
    Gracias por compartir tu escrito.
    Un besote.

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  8. Que buena la historia, tan natural y real. Me ha aguantado. Te felicito y te animo a seguir escribiendo.

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