La última pastilla de jabón

  La última pastilla de jabón Se desnudaba y observaba el jabonero, ya quedaba muy poco jabón, seguramente no le llegaría para completar una ducha. Abrió el agua caliente y la reguló hasta conseguir la temperatura ideal. Entró y cerró las puertas correderas, se metió bajo el agua y dejó que se deslizase por su cabeza y por su piel. Abrió los ojos para volver a mirar el jabón, le echó la mano y notó como se deshacía.  Mientras se enjabonaba intentando que le llegase para todo el cuerpo, pensaba que era hora de acabar con todo aquel dolor, habían sido días terribles, horas eternas, lágrimas encadenadas al tiempo que el corazón se encogía de dolor. Junto con el agua se deshacía el último regalo que su amado le había traído del viaje que lo cambió todo. Cuando la recibió creyó que era otro tipo de regalo, pues venía en una caja cuadrada con un lazo y bonito papel. Su olor a lavanda le recordaba las noches al lado del amor de su vida, a su mente le llegaron sensaciones de las caricias,

Camino negro


 Camino negro

Está demostrado que la mente a la vez que piensa también puede sentir, pero que pasaría si no sintiese, si no tuviese emociones, si no fuese capaz de resolver cualquier idea, razonamiento o intención que deseara manifestar.

Así era Pelayo, nombre que le habían puesto porque su nacimiento fuera en el mar a bordo de un trasatlántico que navegaba rumbo a mejores tierras, a mejores oportunidades. Nació en silencio, por más cachetadas que le daban no soltaba ni una lágrima.

La travesía había sido muy larga y Pelayo tenía en mente el vaivén del mar, en tierra todo eran caminos negros llenos de obstáculos que no lograba sortear.

Alertados por la actitud del niño visitaron médicos de todas las patologías y todos llegaron a la conclusión que no sentía dolor, ni emociones, ni afecto por nada ni por nadie. Desgraciadamente una parte de su cerebro estaba desconectada del resto, se mantenía inexpresivo, insensible, apático, indiferente.

Se hizo un hombre solitario, encerrado en su cárcel mental sin poder apreciar todo aquello que la vida le podía ofrecer, sin conocer algún tipo de sentimiento que le demostrase que podía sentir. 

Asestó cuatro puñaladas apretando tan fuerte el cuchillo que por un momento el mango le quedó tatuado en la palma de la mano, no sentía nada ni tan siquiera al ver correr la sangre por la alfombra persa que a su madre tanto le gustaba. Se quedó inmóvil viendo las figuras que el líquido rojo realizaba en los hilos del tapiz, apartó un poco la mesa para apreciar con nitidez aquella hermosura, la cual le producía una sensación que hasta ese momento nunca había sentido. 

¿Se estaba curando?, ¿era capaz de sentir algo?, no, no sentía nada, solo le llamaba la atención aquel acto. Levantó de nuevo el cuchillo y lo dirigió hacia la extremidad que tenía más cerca, lo introdujo de tal forma que no fue capaz de sacarlo, estaba incrustado en el fémur, puesto que escuchara el crujir de aquel hueso que parecía tan duro y sin embargo, no había necesitado demasiada fuerza para astillarlo. 

Con una violencia extrema despegó el cuchillo de la carne al tiempo que un chorro de sangre cubría los distintos muebles, lo que le produjo una agradable sensación que le incitó a rematar el trabajo, sujetó el cuchillo sobre el corazón y de un golpe seco lo partió en dos.

A la mañana siguiente encontraron a Pelayo tirado sobre la alfombra persa con sus dos manos agarradas al cuchillo que tenía incrustado en su pecho.


Camino negro


Comentarios

  1. Como en todos tus relatos mágicos que te transportan a la historia brava amiga 🤗👏👏👏

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  2. La automutilación como suicidio creo que tendría que ser motivo de estudio científico.

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  3. Un relato negro sin dudas..pero muy bien llevado por tu pluma.
    Algunos seres nacen , viven y mueren en oscuridad.
    Un abrazo Tinta en las olas. Feliz fin de semana

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  4. Uy a veces el vació nos consume como a Pelayo impactante relato

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  5. Ay, qué barbaridad!
    Nació en silencio...
    Vivió atrapado en su cárcel mental...
    Extraordinario relato lleno de un misterio que no puedo descifrar. Esta vez te superaste más y más Mar, qué tremenda mente, qué tremenda manera de escribir. Quedé pasmada.

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  6. ¡Hola!
    Madre mía, piel de gallina.
    Mira que muchas veces precisamente el sentir es lo que nos apena y nos llega a tener que soportar dolores que muchas veces nos doblegan, pero es que no sentir nada, debe ser algo horrible también.
    Además que supongo que el hecho de no poder sentir nada en ningún aspecto nos convertiria en reses tan fríos como Pelayo, y quien sabe si al final por "probar" terminásemos como él.
    Triste final para una triste, a mi parecer, vida.
    Besotes

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  7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  8. Esta es un alma dura, saludos me gusto el relato.

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